Cómo Prevenir el Acoso Escolar

Cómo Prevenir Acoso-Escolar

¿Ha existido siempre el bullying? ¿Es peor ahora que hace 30 años? ¿O es que ahora hay más información? Éstas son algunas de las reflexiones populacheras que se suelen debatir entre la gente común. Y, evidentemente, no tienen una respuesta fácil.

Aunque es cierto que siempre ha existido, el contexto es diferente en la actualidad. Este contexto se sustenta en, al menos,  las siguientes variables:

  • Hoy día se ha perdido la figura de autoridad en las escuelas.
  • Se ha perdido la figura de autoridad en casa.
  • Se malinterpretan o hay confusión en cuanto a los derechos de la infancia.
  • Crece la falta de comunicación.
  • Crece el exceso de información inútil.
  • Hay una exposición brutal de todos en las redes sociales.
  • Cambios estructurales en las familias.

Por sintetizar, parece que, si bien antes teníamos una figura de autoridad externa que ponía límites (que se hiciera mejor o peor es otro debate), ahora esta función está muy difuminada y cuestionada. Esta autoridad se está desplazando de padres y profesores a los propios alumnos. Parece que va en contra de sus derechos poner límites adecuados. Está más que demostrado que los niños que crecen sin límites claros suelen tener muchos problemas emocionales, tanto de niños como de adultos.

Esta falta de límites hace que algunos niños convivan con naturalidad con actitudes como el acoso o la violencia.

El acoso escolar es cualquier forma de maltrato psicológico verbal o físico producido entre escolares de forma reiterada a lo largo de un tiempo, tanto a través de redes sociales.

Para que el acoso  se considere  como tal acoso debe darse un abuso de poder y además, de forma repetida.

Las amenazas, rumores, agresiones físicas y verbales o  marginar a alguien en un grupo entrarían dentro de lo que consideramos acoso. Puede incluir alguna o varias de estas conductas: burlas, insultos, motes, comentarios sexuales inapropiados, provocaciones, amenazas, dejar a una persona de lado, rumores, avergonzar en público, golpear, dar patadas, pellizcar, escupir, hacer tropezar, empujar, quitar o romper las cosas de alguien,

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¿Qué es lo que hace que un agresor se comporte como tal?

Aunque el acosador escolar presenta normalmente una fuerte carencia de empatía y alguna o carias distorsiones cognitivas o creencias irracionales sobre el mundo, sobre los demás o sobre sí mismo. Generalmente suele ser una persona que ha visto y sufrido violencia verbal o física como algo normal. Como consecuencia, ha aprendido una serie de pautas de conducta, entre las que se encuentra la insensibilidad al sufrimiento del otro.

Otras causas que favorecen la aparición del acoso pueden ser:

  • La ausencia en el centro educativo de un clima adecuado de convivencia
  • La falta de formación en cuestiones de intermediación o en gestión de conflictos.
  • La disminución de autoridad entre el profesorado y las instituciones educativas.

Las consecuencias más inmediatas del acoso van a ser un deterioro de la autoestima, ansiedad, depresión, fobia escolar, conductas autolesivas, sentimiento de desprotección, somatizaciones diversas, etc.

Cómo prevenir el acoso escolar

El acoso, como otros comportamientos agresivos o inadecuados, suele ocultarse bajo una especie de ley del silencio, donde la víctima miedo de hablar y los compañeros que podrían ayudar tienen miedo de parecer “chivatos”.

Como padres y madres, deberíamos procurar detener esos comportamientos antes de que se conviertan en habituales; fomentar conductas cooperativas, como ayudar, compartir y resolver pacíficamente los problemas. No es mala idea que nosotros mismo, como padres, recibamos formación en habilidades de comunicación, de gestión de conflictos o de asertividad para trasladarles pautas a nuestros hijos.

Se hace necesario estar cerca de ellos. Hablar con ellos. Pregúntales. Hacer cosas juntos. Establecer un clima de confianza para que puedan contarnos, si es necesario, cosas delicadas. Debemos mostrarles que pueden hablar con nosotros si tienen algún problema.

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Para tratar el tema con rigor y sin catastrofismo, deberíamos también aprender e informarnos sobre el tema. Sobre todo, porque no todas las agresiones son acoso escolar, y hay que aprender a diferenciar lo que es un problema de lo que son incidentes aislados.

Si como padres tratamos a los demás con amabilidad y respeto, con asertividad y responsabilidad, los niños aprenderán con el ejemplo. Si nuestros hijos ven en nosotros comentarios o pensamientos de desprecio o burlas hacia los demás, acaban viendo estas pautas como algo normal. En cambio, cuando en una familia se abordan los conflictos con inteligencia emocional, con respeto, igualdad y cooperación, los niños aprender recursos para relacionarse adecuadamente. Incluso para defenderse de las agresiones.

También debemos estar atentos a las señales: sobre todo a pequeñas contusiones, marcas, heridas, material escolar, ropa u otros objetos dañados o perdidos; retraimiento, ansiedad, aislamiento, apatía, tristeza, signos depresivos, impulsos autolesivos; irritabilidad, agresividad; cambios en los hábitos alimenticios: alteraciones del sueño, pesadillas, dolores de cabeza o abdominales, miedo al ir al colegio,…..

Si detectamos alguna de estas señales, debemos procurar crear un clima adecuado para que nos lo cuenten, porque en algunos cosas van a tener dificultades para ello. Hacerles preguntas no tan directas o que expresen mejor con un dibujo pueden ser alternativas.

Una vez confirmado, lo comunicaremos al centro escolar, para que tome las medidas oportunas o ponga en marcha el protocolo de acoso.

Sobre todo deberíamos preocuparnos de dejar bien claro a la víctima del acoso de que en ningún caso es culpable de esta situación. Si interioriza esta idea, esto puede influir muy negativamente en sus futuras relaciones adultas y en sus habilidades sociales.

En países como Finlandia se están dando casos de una extraordinaria reducción del acoso gracias a protocolos innovadores. Consisten básicamente en no centrarse sólo en el acosador y la víctima, sino en el entorno: los testigos. Conseguir que éstos no participen en el acoso, sino que con su lenguaje verbal y no verbal, le hagan ver al acosador lo inadecuado de su conducta. También se han creado buzones virtuales o físicos para que la víctima pueda manifestar su caso, o cualquier testigo haga lo propio.

Sergio Moreno

Vídeo: El Acoso. Claves para Prevenirlo y Gestionarlo (Mesa redonda MSC)

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Sobre el autor del artículo Sergio Moreno

SERGIO es Psicólogo especialista en aprendizaje y desarrollo personal. Su experiencia profesional se ha centrado en el mundo de la educación y la consultoría de formación. Tras decidir dejar el mundo de la empresa privada se dedicó en cuerpo y alma a ser formador, conferenciante y escritor. Es el creador de la marca INSTITUTO SERVES. Conoce el trabajo de Sergio en : gruposerves.com

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