Sufrir, ¿es inevitable?

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El anhelo de todo ser humano es vivir en paz y ser feliz, pero en muchas ocasiones lo que nos encontramos es una vida llena de insatisfacción y sufrimiento.

¿Qué nos hace sufrir tanto? ¿Por qué nos sentimos insatisfechos?

Veamos algunas de las razones:

Nos produce sufrimiento el sentimiento de que no nos dan lo que queremos, o no nos tratan como deseamos, o no hacemos lo que esperábamos hacer. Es una sensación de que siempre falta algo: “no trabajo en lo que me gusta”, “no he conseguido hacer lo que deseaba”, “no me tratan bien en casa”, “no me respetan”, “ nadie me escucha, ni me tienen en cuenta”.

Sufrimos también por no entender lo que hacemos en este mundo, por la confusión: “no entiendo nada”, “no sé que pasa en este mundo”, “no sé que es lo que me pasa”, ”no entiendo por que la gente es así”, “no sé ni siquiera por qué estoy aquí”.

Otra área de mucho sufrimiento son las relaciones humanas, no nos sentimos comprendidos, nos vamos aislando y sintiéndonos cada vez más solos.

Sufrimos por las preocupaciones, por mis limitaciones, por los demás, por las guerras, por la violencia, por la enfermedad, por la muerte, por esto y por aquello, siempre hay algo por la que sufrir. Sufrir se ha convertido en algo normal.

Tenemos innumerables razones para sufrir, y ¿qué hacemos?

En lugar de afrontar ese sufrimiento, aceptarlo, y trabajar sobre él, optamos por distraernos, evadirnos, huir, llenar nuestra vida de mucha actividad, acumular, consumir, buscamos todo aquello que de alguna forma nos permita sentir un cierto alivio.

Sin embargo, el resultado es que el vacío se va haciendo mayor, hay una cierta incomodidad interior que no desaparece.

Mientras estamos activos nos sentimos bien pero cuando paramos y nos quedamos solos cuando de repente nadie nos llama, no tenemos nada que hacer, nada por lo que preocuparnos, ¿qué ocurre entonces?

Si en ese espacio nos ponemos nerviosos o inquietos y sentimos ansiedad, o la sensación de estar perdiendo el tiempo, en ese momento podemos darnos cuenta de nuestro nivel de plenitud o de insatisfacción.

Si nos sentimos plenos y satisfechos con nuestra vida, disfrutaremos de esos momentos e incluso estaremos esperándolos o buscándolos, pero si estamos vacíos o insatisfechos querremos huir desesperadamente de esos momentos, por que esos momentos se convierten en un espejo y nos permiten ver como realmente estamos.

¿Y por qué todo este sufrimiento?

Seguramente habrá muchas otras razones, pero una de las principales tiene que ver con las creencias que hemos desarrollando desde el inicio de nuestra vida, debido a nuestra educación, familia, entorno, experiencias, y se han convertido en una de las causas principales de sufrimiento.

Para ser capaz de vivir una vida plena, libre de sufrimiento, necesito aprender a cambiar esas creencias o patrones mentales que me limitan y me hacen entender la realidad de una manera determinada.

Aprender a percibir de otra manera, aceptar que es posible ver la vida con otra perspectiva es el principio de una vida de libertad y satisfacción.

Algunas de estas creencias son; “la felicidad viene de fuera”, “perder algo es malo”, “la enfermedad es una desgracia”, “amar es preocuparme”, “amar es sufrir”, “si otros sufren, yo tengo que sufrir”, “tengo que conseguir lo que deseo”, “la muerte es triste”, “piensa mal y acertarás” y tantas otras que tan solo empequeñecen nuestra existencia, impidiéndonos ampliar y expandir nuestros horizontes.

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¿Cómo empezar a trabajar y liberarnos?

La palabra principal sería “conciencia”, o la capacidad de darme cuenta de lo que pasa en mi interior y darme cuenta de lo que de verdad me da beneficio y me acerca a la plenitud.

Hay un cuento oriental que en esencia dice:

“Había un discípulo que quería conocer el secreto de la iluminación, y fue a su maestro y le preguntó. Maestro, ¿cuál es el secreto para la iluminación? Y después de un profundo silencio el maestro le contestó: “conocer y experimentar el ser interior”. El discípulo no se quedó satisfecho y buscó otro maestro a quién le hizo la misma pregunta. Y éste le dijo, para revelarte este secreto primero tienes que limpiar el estiércol del buey en el establo.

El discípulo se puso a trabajar y así pasaron 12 años. Finalmente un día el maestro le llamó y le dijo que le revelaría el secreto.

El maestro le dijo: “para conseguir la iluminación tienes que conocer y experimentar el ser interior”. Esta vez el discípulo lo entendió.

El maestro le dijo: “la verdad no cambia en 12 años, pero sí la forma de aceptarla y entenderla”.

Para despertar la conciencia necesito estudio, meditación y aplicación.

Estudio espiritual, conocimiento de mi ser más auténtico, y también de mi sombra para poder trabajar sobre ambos.

Reconocer mi grandeza, mi naturaleza de paz, amor y felicidad. Reconocer mis limitaciones y con honestidad y humidad trabajar sobre ellas.

Meditación, para llevar ese conocimiento a la experiencia. Encontrar momentos de silencio para conectar con mi realidad espiritual, mi luz interior. Aprender en silencio a observar la mente, educarla, cuidarla y llenarla de pensamientos constructivos que me llenen de entusiasmo y felicidad.

Meditar sobre ese sufrimiento para reconocerlo, aceptarlo y descubrir como en realidad es una ilusión mental, que puedo transformar con paciencia y constancia.

Meditar para descubrir el silencio y nuevas realidades más profundas y reveladoras. Silencio también para sintonizar y conectar con la Fuente de Luz y de Paz. En el silencio interior puedo dirigir mis pensamientos hacia ese Ser de luz y abrir mi corazón y mi mente a esta experiencia transformadora.

Y finalmente aplicación, llevar la práctica a mi día a día. Convertir en comportamientos visibles, palpables el estudio y la meditación.

Necesito convertirme en el estudiante de la vida, y aprovechar cada oportunidad que la vida me ofrece para observar, aplicar, aprender y seguir creciendo.

Entonces las situaciones ya no son la causa de mi sufrimiento, sino que incluso se pueden convertir en palancas para seguir mejorando y creciendo como persona.

Por último, en la aplicación también está el compartir mis aprendizajes con los demás. Ser generoso, contribuir con mi crecimiento al crecimiento de los demás y disfrutar compartiendo esa belleza interior, siendo una fuente de inspiración y a ayudar a otras almas también a liberarse de las cadenas del sufrimiento.

En la felicidad de los demás también está mi felicidad.

Enrique Simó

Vídeo: ¿Es posible vivir sin sufrimiento?

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Sobre el autor del artículo Enrique Simó

Enrique es experto en liderazgo y desarrollo de las habilidades directivas, resolución de conflictos e inteligencia emocional. Además, y desde hace casi treinta años, es profesor y estudiante de meditación y relajación, ‘mindfulness’ y atención plena. Conoce el trabajo de Enrique en :atentamente.net |Medita-App.com

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Felicia dice 02/11/2017

Gracias siempre por tu sabiduría.

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Mónica Trujillo dice 02/11/2017

Hace poco empece a escucharle Enrique y practico lo que escucho de Usted, y siempre me sorprendo de lo fácil que es caer nuevamente en este estado de desilución y tristeza, aún así no decaigo en mi viaje interior. Me siento agradecida con Dios que me permitio encontrarlo en este camino. Dios le bendiga.

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Patricia dice 02/11/2017

Pero esta es la condición misma de la existencia.
Para llegar a ser primavera,significa aceptar el riesgo de invierno. Para llegar a ser presencia,significa aceptar el riesgo de la ausencia.
Y ahora estamos Enrique, despertando de un profundo sueño. GRACIAS por tu función de despertador,Feliz Jueves !

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Patricia Puerta dice 02/11/2017

Leer este artículo me hace mas fuerte en lo que ya he venido trabajando hace un par de años, la palabra sufrir ya no esta en mi vocabulario porque he entendido la clave que me abre las puertas a otro mundo completamente fantástico y maravilloso. Estoy sola y soy feliz estoy acompañada y sigo siendo feliz…nada ni nadie puede alterar ese estado que subyace en mi interior a menos que yo lo permita. Comprendi que ese es mi estado natural…GRACIAS POR COMPARTIR ESTOS ARTUCULOS QUE AYUDAN DE ALGUNA MANERA A MEJORAR LA VIDA DE ALGUNAS PERSONAS…

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